Todo comenzó con la primer llovizna, supo de inmediato que se avecinaba una tormenta, una de esas que arrasan y por sobre todo empapan, no se asustó, juntó coraje y algo de abrigo y salió a dar la alarma general.
Todos fueron a cubierto.
Cuando tocaba el momento más fuerte de la tormenta un niño salió de su casa, escabulliéndose a sus padres, los vientos lo levantaron en vilo y se lo llevaron.
Se sabe que no ha muerto porque en el pueblo hay una conexión muy especial entre todos los habitantes y cuando uno muere se marchita un árbol en el jardín de alguien, pero no se sabe dónde está.
Una búsqueda resulta inútil ya que podría realizarse en cualquier dirección.
Esperar a que regrese por su cuenta parece imposible, era un niño muy pequeño y los vientos gigantes.
La decisión que se tomó fue la de enviar cuatro exploradores, uno a cada punto cardinal, exploradores dispuestos a no regresar de ser necesario, si uno de ellos daba con el niño los otros tres lo sabrían, un lazo invisible los unía, eran cuatro exploradores nacidos en al misma casa, la casa del guardián del pueblo, el que supo de inmediato que la tormenta se avecinaba.
Aún no han regresado, se los espera para el verano, se cree que para esa época habrán surcado distancias mayores a las que cualquier viento pudiera surcar.
Lo importante es que el niño sigue vivo, en algún lugar, sigue vivo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario