Recién desayunado y con los bostezos todavía en la cara, estampadas las lagañas y los gestos torpes del que ha dormido mucho y se levanta para empezar el día.
Así me senté, así escribí estas líneas.
Cuando acabé estaba al otro lado de la pantalla, en la casa de Ho-Tay-Won, que me leía al otro lado de varios mares.
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