En mis muelles tengo atados unos cuantos barcos, los até a fuerza de brazos rudos y ganas de no quedar desierto.
La naturaleza de un barco se revela en el mar y no en tierra.
Hoy me digo, casi comprendiendo algo que no comprendo: dejemos ir los barcos. Los vientos dirán lo que sigue, o los capitanes, o las vueltas del destino, cosa que para los navegantes ya se sabe.
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