sábado, 31 de octubre de 2009

Existe

Por ahí yo no porque vivo en Marte, pero cualquiera que pase caminando por ahí puede verlo.
El tamaño no importa, lo que importa es verlo, está ahí, a la vuelta de cualquier esquina, no se esconde de nadie, no tiene frío en invierno ni calor en verano, vive en primaveras y otoños, jugando con las flores y las hojas. Existe, yo lo ví una vez, antes de venirme a vivir acá. Capaz que si empiezo a buscar...

Repetidas veces

"Desde aquel día las cosas no marcharon igual." Así terminaba el libro que Marco Antonio tenía en sus manos. A su vez Marco Antonio era un personaje de una escena de una obra de teatro en la que terminaba de leer un libro y daba la casualidad de que esta obra de teatro estaba siendo filmada para la compaginación de un documental sobre el teatro y los personajes como entes separados y unidos a la vez.
Repasemos: La frase final de un libro, Marco Antonio que lo lee, Marco Antonio que es el personaje de una obra, la obra que es filmada, la compaginación de un documental sobre personaje/obra.
A todo esto se le suma que el documental, una vez acabado, es visto por un escritor que súbitamente se inspira y escribe la frase final de su libro: "Desde aquel día las cosas no marcharon igual".
Agregar que alguien leerá estas palabras mientras interpreta una escena en una obra está de sobra.

miércoles, 28 de octubre de 2009

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-Pará de llorar pendejo-
-No puedo, te juro que no puedo-
-Te digo que parés-
-Yo trato, hago fuerza, pero nada-
-Pará a la una...-
-No puedo-
-Pará a las dos...-
-No puedo-
-Pará a las tres!-
-Qué vas a hacer?-
-Voy a llorar yo también-

Una vez

Una vez fui otro a través de una línea telefónica, otro que me hubiera gustado ser más veces.
Tantas veces fui lo que me gustaría haber sido más veces. Hoy, por ejemplo, fui el que se acercó a escribir y eso me gustaría ser más veces... sólo si tengo lo que.

martes, 27 de octubre de 2009

especies II

Un suelpón no suele aparecer seguido, cuando aparece trae consigo una noticia. Dependiendo del color de sus ojos la noticia es buena o mala; si trae los ojos verdes es una buena noticia, si los trae amarillos o rojos es mala. Claro que ha habido excepciones, una vez un suelpón grande y peludo trajo los ojos de un rojo intenso y al otro día la persona que lo había visto aprendió a volar. Pero estadísticamente hablando el verde es el de las buenas noticias y el amarillo y el rojo los de las malas.
Un empleado que trabaja precisamente con datos estadísticos vió un suelpón ayer y se quedó pasmado porque traía los ojos azules, azules, azules. Hoy le pasaron muchas cosas, algunas buenas, otras malas, pero lo más interesante es que adentro se le instaló una sonrisa.

Día ritual

Se levantó de una corta siesta (aunque el tiempo cuando se duerme ya se sabe), caminó hasta el espejo y se cortó la trenza. Dudó un rato sobre qué hacer con ella y finalmente la quemó en una maceta, enterrando sus restos bajo la tierra... era uno de esos días rituales.

lunes, 26 de octubre de 2009

Nacimiento

-Yo se quien sos- le dijo y no hizo falta nada más.
-Pero...- alcanzó a decir antes de.

Desparramada

Terminó bajo la mesa, antes se batió en duelo consigo misma, revoloteándose, girando y haciendo aire con sus brazos y sus piernas, algunos huecos con las partes menos usadas de su cuerpo y universos donde antes tuvo omóplatos...

http://www.youtube.com/watch?v=Y2dgMj0DKJA

La pronunciación de las palabras

Le dije "gracias" y la miré a los ojos, era un gracias especial, sólo para ella, encarecido, etc.
Por eso supe que estaba mal, nadie le dice "gracias" de ese modo a la señora que lava la ropa. Algo debió afectarme en algún momento y perdí la noción de cercanía y lejanía con las personas: si le decía un gracias especial a la señora de la ropa ¿qué no le diría a la vecina cuando me la cruzara en el pasillo? Tenía que arreglarme rápido, cuanto antes, urgentísimo.
Caminé en círculos hasta marearme, incluso creí encontrar una ruta circular en mi habitación, pero enseguida supe que aquello era otro síntoma de que estaba mal. ¿Qué podía hacer? ¿Qué me esperaría si seguía así?
No tardé en averiguarlo: le dije "hasta luego" de un modo extraño a la panadera de la esquina y nos casamos en dos días, tuvimos cinco hijos y al quinto le pusimos Horacio.

Las últimas tiritas

Se despidió bajito, como los títeres cuando el telón ya casi los tapa por completo. Juntó sus cosas en una bolsa y se fue a buscar lo que siempre había querido. No tardó tanto como se había imaginado, de hecho llegó ese mismo día, al anochecer. Lo primero fue abrir la bolsa y desempacar: se quedaba ahí, no había dudas.
Lo desconcertante vino más tarde, entrada la noche: no había guardado en la bolsa el pañuelo de tela, con lo mucho que lo usaba... podía volver a buscarlo o darlo por perdido. No iba a volver, hizo lo segundo y se durmió suave, casi tímido, con la imagen del pañuelo en la cara interna de los párpados.
El ruido del sol saliendo lo despertó y le pidió permiso para llevarse las últimas tiritas del pañuelo que todavía le quedaban de la noche.

domingo, 25 de octubre de 2009



Estatuas

Le dije que esperara, que iba a llegar, que se quedara quieto mirando los abrazos de los otros en los espejos del salón. Me hizo caso: se quedó tan quieto que se volvió estatua y vinieron a apoyarse en él los codos y las manos de los abrazados; una estatua es un buen lugar para una pausa entre abrazos. Se quedó tan quieto que se olvidó cómo era antes y ya no dejó de ser estatua. Una estatua hermosa. Hace tiempo que me pasó algo parecido adentro, no se si siento más la culpa o el consuelo de ser un buen escultor.

sábado, 24 de octubre de 2009

Un comienzo posible

Los recuerdos revueltos y rotos, vueltos a armar y pegados con cinta, la memoria jugando a los rompecabezas, de a varios a la vez: manojo de imágenes, pedazos de voces, miradas, olores, el contacto de una mano... De repente el relámpago más blanco y la vista centrándose en un punto: un dedo de la mano de una estatua de madera, la imagen de la estatua formándose de a poco, y al final... una diosa dentro de un círculo, cuatro brazos, dos piernas, el rostro sereno, y claro, la danza.

viernes, 23 de octubre de 2009

especies I

Los atús son pequeños como ranas, violetas como uvas y lisos como vidrio. Caminan de lado y estornudan en las esquinas, piden permiso para entrar en tu mente y dicen gracias cuando salen. Casi siempre dejan las cosas un poco más ordenadas que antes.
La gente los busca porque sabe de esta cualidad, pero los atús sólo están donde nadie los busca. Siempre fue así y siempre lo será.

jueves, 22 de octubre de 2009

Azul

Siempre me costó escribir con gente alrededor, tengo un espacio psíquico reducido, o lo guardo celosamente, no sé.
Hoy escribí entre la cena y las palabras que no quería oír, que no necesitaba.
En un determinado momento las palabras todas (las que escribía y las que oía) se mezclaron en una misma nube, enjambre de letras que se ordenaban y desordenaban en un scrabble gigantesco.
Tomé las mías y las usé para escribir el título de estas líneas.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Pies que no

Estaba en su casa, se podía descalzar tranquilamente, pero no, algo le impedía sacarse las zapatillas.
En un arrebato de rebeldía frente a ese algo tomó uno de sus pies y trató a la manera clásica de descalzarlo. No pudo. Probó de otras maneras menos convencionales, varias. No pudo.
Trató con el otro pie e incluso invirtiendo el rol de las manos: de derecha dominante e izquierda sumisa pasó a derecha sumisa e izquierda dominante. No pudo.
Empezó a perder la calma y a transpirar, el sudor empeoró las cosas. Los cordones de las zapatillas se empaparon y las medias parecieron lagunas de tela.
Se rindió pero sólo cinco minutos, después volvió con fuerza. La fuerza la cambió por empeño, el empeño por paciencia y la paciencia por una sonrisa que sostuvo hasta el final, hasta que se sacó las zapatillas y vió que no tenía pies.

martes, 20 de octubre de 2009

A la hora de acostarse

Llegó como un viento sin aviso, se instaló en la puerta ventana que da al balcón y esperó.
Un ratito antes de dormirse Joaquín abrió los ojos, miró y lo vió: ahí estaba, esperando.
A Joaquín le hizo gracia y se rió bajito. Él, que esperaba desde su llegada, no compartió el humor.
Después vino el sueño, perezoso y lento, como una tela de araña o de seda que caía de a capas. Los dos se durmieron: Joaquín en su cama, abrazado a lo que siempre se abrazaba, y él afuera, apoyado en la puerta ventana, de cara al cielo que tenía más puntitos que un colador.

lunes, 19 de octubre de 2009

Envidia y caminante

Una envidia se resbaló de un alero y cayó en el sombrero de un caminante distraído que se detenía un instante para mirar una vidriera en pleno centro, calle Florida, yo lo ví todo.
El caminante se alejó y se llevó con él a la envidia que un par de cuadras después se le descolgó del sombrero y se le acostó a dormir dentro de la oreja izquierda.
Cuando llegó a su casa el caminante notó algo distinto: una sensación, una emoción, una profunda envidia por todo lo que lo rodeaba.
No fue sino hasta cinco días después que la envidia despertó y se fue por el inodoro mientras el caminante esa vez no caminaba.