La bufanda era muy larga, de lana marrón, con flecos en ambas puntas.
Parecía una cosa tan fofa amontonada sobre sí en un rincón del modular... Cuando se la puso dió vueltas sola alrededor de su cuello, no quería estrangularlo, sólo sentir el calor del contacto humano, llevaba tanto tiempo sola.
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