Los recuerdos revueltos y rotos, vueltos a armar y pegados con cinta, la memoria jugando a los rompecabezas, de a varios a la vez: manojo de imágenes, pedazos de voces, miradas, olores, el contacto de una mano... De repente el relámpago más blanco y la vista centrándose en un punto: un dedo de la mano de una estatua de madera, la imagen de la estatua formándose de a poco, y al final... una diosa dentro de un círculo, cuatro brazos, dos piernas, el rostro sereno, y claro, la danza.
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